Mientras todos esperamos que mañana, 9 de julio, caiga sobre Buenos Aires la excitante nevada como hace exactamente un año, me siento en la obligación de profundizar, de ir mas allá en el tema, para no quedarme en la periferia de una simple y vulgar llovizna de aguanieve cuando tenemos un verdadero reservorio mundial de hielo -bien macizo- en el sur de nuestro país. Me refiero al glaciar "Perico" Moreno, el mismo que se fue enojando durante el fin de semana y amenazó con armar bolonqui en el día de hoy.
Ahora bien, ustedes se preguntarán qué carancho es un glaciar.
A continuación les entrego una sencilla explicación… sencilla, sí, pero con un corazón enorme.
Está conformado por los siguientes elementos:
1.Lluvia 2.Nieve 3.Hielo 4.Ruidos 5.Turistas
En un lugar lluvioso donde nieva y hace un frío de la hostia, no es difícil de interpretar que se forme una masa helada gigantesca. Como ven hasta aquí no hay ninguna cosa extraña, pero en sus profundidades está el misterio, el tremendo secreto que la mayoría de ustedes desconoce. Allí debajo existen unos seres rarísimos: las lombrices frígidas, pequeños moluscos que van cavando el hielo como si fuesen líneas subterráneas cual Metro de París.
Eso provoca que la tierra congelada sufra presiones, distensiones, movimientos y los posteriores desprendimientos que son la atracción de la jornada. ¿No entendieron? Bueno, para facilitarles la tarea de comprensión les digo que es muy similar al laburito fino que debemos hacer con la cubetera para poder sacar los cubitos.
Continúo. Los turistas son los encargados de generar ruidos, humo de cigarrillo, transpiración, pulóveres, asados, luna de miel, todos factores de una enorme calidez humana que ayudan también a que el hielo se quiebre, encima los canales -que por un punto de rating son capaces de voltear un glaciar antiquísimo- pasan las imágenes todo el tiempo estimulando la llegada de más turistas.
En cuanto a las actividades lúdicas que brinda la zona del ventisquero
-mientras se espera el rompimiento- tenemos los juegos de nieve, aunque el cuadro es un poco más dantesco que en Bariloche pues los nenes les tiran bolas de hielo a los padres del tamaño de un almohadón. Nadie mide los peligros, he visto autos enteros aplastados por quienes intentaron armar un muñeco sobre el mismo techo del coche.
Otra actividad frecuente en la zona de Calafate es caminar sobre el glaciar para lograr avistar animales típicos como los osos polares, tarea improbable dado que como todo el mundo sabe aquellos se extinguieron a fines de los setenta (el último oso polar argentino terminó ganándose la vida integrando la troupe de Martín Karadagian)
Lo cierto es que es un paseo estupendo, sobre todo cuando se te viene una pared de diez metros de hielo encima. Esto implica un peligro casi mortal para los espectadores… es como ir a ver un show de esos dementes de
De la Guarda en primera fila.
Sin duda es uno de los espectáculos naturales más violentos del mundo (luego del volcán Krakatoa, al este de Java y de la “Hiena” Barrios) y en donde hay que ser bien macho para quedarse tomando fotos de cerca;
tengo más de un amigo que regresó hecho una réplica exacta de Nicky Lauda por conseguir una buena instantánea del momento.
Lo antedicho no modifica la formidable escena que significa un glaciar rompiendo ante nuestros ojos... como mi suegra: rompe cada tanto, pero cuando rompe es IMPONENTE.
Para acompañar las imágenes de aquí abajo les dejo una frase del "Coco" Basile que quedará en la historia:
"Haría falta mucho whisky para apagar tanto hielo".
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